Ácido, dulce y con un sabor a cereza que crea adicción (en el mejor de los sentidos). A simple vista recuerda la miel por su textura, la cereza por su rojo rabioso y un caramelo ácido de cereza cuando entra en contacto con el paladar. De menor acidez acética que el balsámico, pero mayor dulzura y densidad, encaja con un sinfín de platos, aunque la mayor parte de su potencial gastronómico está por descubrir… Se puede usar tanto en ensaladas como para acompañar quesos, foies, carnes, postres, cócteles… Gusta siempre y a todo el mundo, aportando un sabor muy particular de cereza a numerosos platos e incluso potenciando sabores en maridajes fascinantes.

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